Quién

•enero 10, 2013 • Dejar un comentario

Se acercaba un acontecimiento notablemente positivo en la vida de Luis Anastacio Freidel, el cual debía su exagerada importancia al surgimiento de un sentimiento, que para logro de muchos sería desafortunado, sin embargo, para el susodicho, sería el comienzo de la vida, como tal. Hacía tiempos la inestabilidad emocional había infectado la poca cordura y sensatez que él estaba acostumbrado a mantener en su Vida social y en su modo de vivir.

 

Como todo niño que empieza a transitar el horizonte incierto de la vida, recuerdo cómo me había confesado en una ocasión su deseo de ser Presidente, lo cual aprecié demasiado, porque quiérase o no, escuchar los sueños de un niño que empieza a vivir, reconforta el espíritu de aquellas almas que ya están un poco más experimentadas en el recorrido del tiempo, y es que justamente eso es lo que provocaba cada sueño y deseo de futuro de Luisito, como comúnmente era llamado.

Mi relación con el niño se debía a que en esos tiempos era yo Maestro de Idiomas (En específico Latín) de una de las más prestigiosas academias de lenguas que en ese tiempo existían en la pujante ciudad de Cabo de Punta Arenas, y mi forma de enseñar estaba vinculada con el hecho de conocer a todos los estudiantes que estaban a mi cargo, y fundamentalmente, conocer las inquietudes, sueños y ambiciones que cada individuo trae desde el momento que venimos al mundo.

Luisito era un niño diferente, en un entorno capitalista, en donde la discriminación en sus extensas magnitudes que abarca, estaba en la época dorada en la “lujuriosa” ciudad de Cabo Punta Arenas, él era diferente al resto de la mayoría de personas (por no decir a todas).

 

Hello world!

•febrero 9, 2010 • 1 Comentario

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